miércoles, 1 de marzo de 2017

El cine que he visto en Febrero de 2017

Y el segundo mes del año ha llegado su fin. Mes corto con lista menor de películas visionadas. Mismas categorías que el mes pasado y mismos criterios. Allá voy con el breve análisis:

De las 25 películas que he visto a lo largo del mes de febrero, recomiendo 6 de ellas (24%) -una irlandesa, una alemana, una francesa, una japonesa, una británica y una estadounidense-. Sin duda, temáticas variadas, pero ninguna os dejará indiferentes. No os arrepentiréis...


TIENES QUE VERLA SÍ O SÍ (La mejor)


Sing street (Idem, John Carney, 2015, IRL)

El director irlandés, John Carney, vuelve a repetir la misma fórmula -con el mismo éxito- de su anterior película, Begin again (Idem, 2013, USA). Esa receta mágica que, como bien describe Javier Ocaña del diario El País, consiste en "Tres minutos de melodía poderosa y hora y media de película irresistible". Desde que se diera a conocer con Once (Idem, 2009, IRL) -ganando el Oscar a la mejor canción original (Falling slowly)-, la música se ha convertido, indudablemente, en el leitmotiv de su filmografía y queda bien patente en Sing Street, su última película hasta la fecha. Cargada de personajes simpáticos y carismáticos, es capaz de divertir al espectador, a la vez que trata otro tema reiterativo en sus películas: el amor. Entre conversación y conversación, cualquier momento es bueno para introducir un momento musical o poner de fondo un tema de los 80s, pasando por Duran Duran, The Cure, Motörhead y muchos otros. Una hora y media que no te decepcionará en absoluto.


DEBERÍAS VERLA


La conspiración del silencio (Im Labyrinth des Schweigens, Giulio Ricciarelli, 2014, GER)

¿Pasar página de lo ocurrido para poder avanzar como una nueva sociedad democrática o dar a conocer todas las atrocidades que se cometieron en los campos de exterminio, condenar a los responsables en lo que significaría rebuscar en las páginas más oscuras de la historia de tu país, aun habiendo pasado ya 20 años desde aquello? Ese es el dilema que vivió el país germánico durante los años de postguerra y Giulio Ricciarelli lo refleja fielmente en su opera prima, en la que muestra un gran dominio de la técnica del contraluz. Te hace sentir repulsión hacia lo ocurrido durante el nazismo, sin necesidad de recurrir a imágenes desagradables; únicamente mediante el uso de la palabra y los testimonios. Aunque deja algunos temas importante en el aire, es fiel reflejo de lo que debió ser Alemania a mediados del siglo XX. 

El principito (Le petit prince, Mark Osborne, 2015, FRA)

He de reconocer que, en parte, era reacio a ver trasformado en animación uno de los relatos que más me encandiló durante mi infancia -e incluso durante mis relecturas siendo ya adulto-, pero he de reconocer que me he llevado una muy grata sorpresa. Principalmente porque NO es únicamente la historia de El Principito de Antoine Saint-Exupery, sino una fábula fantástica que toma el cuento original como excusa para sumergir al espectador en un mundo cuadriculado en el que solo algunas personas a las que llaman locos, se atreven a soñar y a no olvidar al niño que todos llevamos dentro. Técnicamente, es de alabar el hecho de utilizar el stop motion para diferenciar las partes originales del cuento del resto de la historia que se narra. Personajes atractivos, mundos de fantasía y un BSO -obra del maestro Hans Zimmer- con momentos de gran lucidez que te invitarán a "aprovechar la migración de una bandada de pájaros salvajes para evadirte..."

La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka, Isao Takahata, 1988, JAP)

Considerado como una de las obras maestras del anime japonés y la animación para adultos, los estudios Ghibli nos traen esta historia autobiográfica ambientada la Japón imperial de finales de la II Guerra Mundial, en la que unos hermanos se ven completamente solos después de que un bombardeo estadounidense sobre su ciudad, arrasara su hogar y su familia. Sin grandes alardes visuales, pero con mucho tacto y delicadeza, nos es contado cómo el hermano mayor, Seita, será capaz de cualquier cosa con tal de sacar adelante a su pequeña hermana, Setsuko. Como detalle técnico, cabe resaltar que, como ya se hiciera por primera vez en la historia del cine en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950, USA), el narrador es un difunto, como queda patente desde la primera frase. Una joya imprescindible de la animación que poco tiene que envidiar a las superproducciones de Walt Disney, Pixar y Dreamworks, y que será capaz de hacerte sonreír, emocionarte y llorar en cuestión de solo hora y media. 

Black Mirror (T3): Playtesting (Playtest, Dan Trachtenberg, 2016, UK) 

Desde su estreno en 2011, esta serie británica de capítulos independientes entre sí, nos ha deslumbrado con varios episodios sencillamente brillantes -destacando, por encima del resto Black Mirror (T1): Tu historia completa (The entire story of you, Brian Welsh, 2011, UK)-. En 2016, la exitosa plataforma de películas y series por internet, Netflix, se hizo con los derechos de esta saga que tiene como tema central la tecnología y una ácida crítica a nuestra sociedad, mediante situaciones de una ciencia ficción no tan lejana a la realidad. Playtesting, probablemente sea el capítulo de más terror puro, que plantea la posibilidad de personalizar los videojuegos en función de los miedos y temores de cada uno de los jugadores. Un planteamiento original, conducido y concluido con elegancia y maestría, que te dejará pegado a la butaca durante su hora de duración.

Verano en Brooklyn (Little men, Ira Sachs, 2016, USA)

Una vez más, el cine independiente nos deja una pequeña joya llena de humanidad, pequeños detalles de la vida cotidiana y problemas terrenales con los que podemos sentirnos identificados cada uno de nosotros. Temas como el conflicto de intereses, la crisis económica y la incomprensión a los adolescentes, son comunes en la sociedad de hoy en día, lo que provoca una más fácil involucración en la trama. Se plantea un interesante dilema con difícil solución que, gracias a las grandes interpretaciones protagonistas ofrecidas -principalmente- por Greg Kinnear y Paulina García, se vive más intensamente. Por otro lado, la relación entre los hijos de cada una de las partes del conflicto, conectarán en una bonita amistad que se verá repercutida por los problemas de los adultos. En resumen, una bonita y minimalista obra que refleja el fracaso de la madurez del adulto, tratada con mucho tacto y sensibilidad.


NI FU NI FA


El hombre de las mil caras (Idem, Alberto Rodríguez, 2016, ESP)
Un monstruo viene a verme (A Monster calls, Juan Antonio Bayona, 2016, ESP)
El club (Idem, Pablo Larraín, 2015, CHL)
Hello, my name is Doris (Idem, Michael Showalter, 2015, USA)
Little Boy (Idem, Alejandro Monteverde, 2015, MEX)
La cabaña en el bosque (The cabin in the woods, Drew Goddard, 2012, USA)
Manchester frente al mar (Manchester by the sea, Kenneth Lonergan, 2016, USA)
Happy together (Cheun gwong tsa sit, Wong Kar-Wai, 1997, HKG)
Mi hija, mi hermana (Les Cowboys, Thomas Bidegain, 2015, FRA)
En el bosque (Into the forest, Patricia Rozema, 2015, USA)
Sully (Idem, Clint Eastwood, 2016, USA)
Black Mirror (T3): Caída en picado (Nosedive, Joe Wright, 2016, UK)
Contraband (Idem, Baltasar Kormákur, 2012, USA)
El libro negro (Zwartboek, Paul Verhoeven, 2006, NLD)


NO PIERDAS NI UN MINUTO DE TU VIDA


Casa de arena y niebla (House of sand and fog, Vadim Perelman, 2003, USA)
La cueva (Idem, Alfredo Montero, 2012, ESP)
Hardcore Henry (Idem, Ilya Naishuller, 2015, RUS)
Más allá del amor (Endless love, Shana Feste, 2014, USA)
¡Ave, César! (Hail, Caesar!, Joel & Ethan Cohen, 2016, USA)

jueves, 2 de febrero de 2017

El cine que he visto en Enero de 2017

A lo largo de este primer mes del año, he tenido tiempo y oportunidad para poder sentarme en mi sofá, delante del televisor, y ver películas para poder tacharlas de mi lista de "pendientes" que día a día se va haciendo más larga. He decidido clasificar las películas que he visto en cuatro categorías, en función del grado de recomendación.

De las 31 películas que he visto, recomendaría 7 de ellas (22%) -dos estadounidenses, dos francesas, una alemana, una china y una española-, por lo que se podría decir que ha sido un mes de buenas elecciones que ahora he decidido compartir con todos aquellos que decidáis leerme.

TIENES QUE VERLA SÍ O SÍ (La mejor):


La ciudad de las estrellas (La La Land, Damien Chazelle, 2016, USA)

Es maravillosa, mágica, emocionante, emotiva, alegre, triste, eléctrica, contagiosa, transparente, potente... Podría alargarme eternamente buscando más adjetivos dispares y, probablemente, encajaría con la descripción de La La Land. Sencillamente, lo tiene todo y roza la perfección.
En el aspecto artístico, destacan unas coreografías en las que se denota un gran trabajo detrás. Desde la primera escena destella al espectador haciéndole partícipe de la fiesta en la pantalla.
La ambientación, los decorados y el vestuarios, llenos de colores y con aroma a cine clásico, son el escenario perfecto para esta historia de amor que no dejará a nadie indiferente.
Gran parte de su éxito, se debe a una pareja protagonista en la que Emma Stone -difícilmente batible en la carrera de todos los premios de la temporada-, está radiante, haciendo alarde de su enorme registro de expresiones faciales; mientras que Ryan Gosling, lejos de quedarse a la retaguardia en el duelo interpretativo, brilla con luz propia, en parte gracias al sublime guion del también director Damien Chazelle -quien hace ya dos años demostró que su paso por el cine no iba a ser algo fugaz ni endeble con su magnífica opera prima Whiplash (Idem, Damien Chazelle, 2014, USA). Uno rápidamente se percata de que esta memorable pareja disfruta cada momento ante la cámara; y eso lo percibe fácilmente el espectador.
Y como colofón, aún falta la guinda del pastel: un final antológico, de esos que se quedan grabados en la retina del público durante largo tiempo. Un final inolvidable para una película que, desde prácticamente el día de su estreno, se ha convertido en un clásico del cine contemporáneo.

DEBERÍAS VERLA:


Los Edukadores (Die fetten Jahre sind vorbei, Hans Weingartner, 2004, GER)

Con el gancho del idealismo anarquista y unos jóvenes Daniel Brühl y Julia Jentsch como pareja protagonista, esta película reivindica una moral que, lejos de caer en el discursismo y la grandilocuencia, deja una libre interpretación al espectador. Su piedra triangular son los diferentes puntos de vista de una sociedad que se pueden llegar a adoptar, que se muestran en un diálogo entre los anarquistas y un brillante Burghart Klaussner. Sin duda, el eslogan que mejor resume la película: "Si antes de los 30 no eres liberal, no tienes corazón; si después de los 30 lo sigues siendo, no tienes cerebro."

Divinas (Divines, Houda Benyamina, 2016, FRA)

Magnífico drama social en el que rige la ley del "todo o nada" en un intento de salir de la pobreza y la miseria de un suburbio de París o morir en el intento. La joven protagonista -Oulaya Amamra, de tan solo 20 años- lleva todo el peso de la película en una clara declaración de intenciones de alcanzar algún día la cima de la interpretación. El resto del elenco que acompaña a la joven estrella está genial. Si a esto le sumamos una brillante fotografía, la trabajada escenografía en las escenas de baile, una BSO que acompaña a la perfección y el dominio de la cámara en la mayoría de sus planos, hacen que, tras esta más que notable ópera prima, tengamos que apuntar el nombre de la debutante, Houda Benyamina, en la lista de directores que debemos seguir de cerca en el futuro próximo.

Regreso a casa (Gui lai, Zhang Yimou, 2014, CHI)

Preciosa y desgarradora historia de amor incondicional y espera eterna por una persona que, sin saberlo ella, ya está de vuelta en casa. Probablemente se trata de una de las películas que mejor describa la idea que yo tengo del amor. Dedicación, cuidado,  lucha y recuerdos incesantes de la otra persona, aunque esta no sea consciente de absolutamente nada de lo que se está haciendo por ella. Interpretaciones fabulosas -especialmente de la actriz protagonista, Gong Li- y una narración progresivamente creciente y cautivadora, concluyendo con uno de los finales más emotivos y dolorosos que recuerdo.

La tortuga roja (La tortue rouge, Michael Dudok de Wit, 2016, FRA)

Se trata de una preciosa fábula sobre el ciclo de la vida. Poesía en forma de imágenes que bailan al son de una BSO hipnotizante. Visualmente es tan poderosa que incluso se decide prescindir del uso de las palabras en toda la película. Sin duda es la alernativa a Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the two strings, Travis Knight, 2016, USA) con más bazas para ganar el Oscar al mejor largometraje de animación en la ceremonia que se celebrará el 26 de febrero de este año. Aunque lo tendrá difícil, habrá que esperar casi un mes para ver qué pasa definitivamente.

Sicarivs: La noche y el silencio (Idem, Javier Muñoz, 2015, ESP)

Lograda narración de una historia oscura y turbia que se sustenta principalmente en sus elegantes monólogos y flashbacks en blanco y negro. Destaca por haber conseguido que nos sintamos parte de esos ambientes sucios y negros que recorre nuestro personaje -magistralmente interpretado por un deslumbrante Victor Clavijo-. Otra de sus virtudes es su eficaz y eficiente narrativa. No sobra prácticamente nada de lo que se dice o se ve y se atribuye el logro de enganchar rápido al espectador, que no se despegará del sillón hasta los créditos finales.


Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the two strings, Travis Knight, 2016, USA)

Sin duda, la favorita para ganar el Oscar al mejor largometraje de animación, por delante de la ya mencionada La Tortuga roja (La tortue rouge, Michael Dudok de Wit, 2016, FRA). Es original y visualmente exquisita, mostrando dominio de la sensibilidad y las emociones. Con la técnica slow-motion, consigue que te sumerjas en un universo lleno de magia y que te embarques en su odisea en busca de la belleza en el mundo. 


NI FU NI FA


Un hada llamada Liza (Liza, a rókatündér, Károly Ujj Mészáros, 2015, HUN)
Girlhood (Bande de filles, Céline Sciamma, 2014, FRA)
Infierno azul (The Shallows, Jaume Collet-Serra, 2016, USA)
El Extraño (Goksung, Na Hong-jin, 2016, KOR)
Celebración (Festen, Thomas Vinterberg, 1998, DEN)
Silencio (Silence, Martin Scorsese, 2016, USA)
Café Society (Idem, Woody Allen, 2016, USA)
Tarde para la ira (Idem, Raúl Arévalo, 2016, ESP)
Los hombres libres de Jones (Free State of Jones, Gary Ross, 2016, USA)
Maggie's plan (Idem, Rebecca Miller, 2015, USA)
Juego de armas (War dogs, Todd Phillips, 2016, USA)
No respires (Don't breathe, Fede Álvarez, 2016, USA)
Toni Erdmann (Idem, Maren Ade, 2016, GER)
Mi amor (Mon roi, Maïwenn Le Besco, 2015, FRA)
El lado oscuro del corazón (Idem, Eliseo Subiela, 1992, ARG)
Viva (Idem, Paddy Breathnach, 2015, IRL)
Volver (Idem, Pedro Almodóvar, 2006, ESP)
Rumores y mentiras (EasyA, Will Glück, 2010, USA)
Captain Fantastic (Idem, Matt Ross, 2016, USA)

NO PIERDAS NI UN MINUTO DE TU VIDA


Equals (Idem, Drake Doremus, 2015, USA)
Escuadrón suicida (Suicide squad, David Ayer, 2016, USA)
Nunca apagues la luz (Lights out, David F. Sandberg, 2016, USA)
Breathing room (Idem, John Suits, Gabriel Cowan, 2008, USA)
El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, Wim Wenders, 1987, GER)

lunes, 2 de enero de 2017

12 pequeñas joyas que he descubierto en 2016 (parte III)



9. ¿QUÉ HACEMOS CON MAISIE? (What Maisie knew, Scott McGehee, David Siegel, 2012, USA)


Una niña de 6 años se ve involucrada en el amargo divorcio de unos padres que, ya de por sí, estaban ausentes en el día a día de su hija. A la pequeña Maisie -interpretada por una dulce y desconocida Onata Aprile-, sin entender del todo qué es lo que pasa, le surgirán dudas que irá exteriorizando en forma de preguntas realizadas desde el punto de vista de una inocente criatura en plena infancia. Es brillante por su naturalidad, sus logradas y sinceras interpretaciones -mención especial para un cariñoso y deslumbrante Alexander Skarsgård- y por ser brutalmente emotiva sin caer en el fácil y recurrido recurso del sentimentalismo. En lo visual es poéticamente bella, al igual que es cruda en su contenido y esencia. Una mezcla explosiva de sentimientos, que la hace digna y merecedora de invertir 100 minutos de vuestras vidas en ver esta cinta. 



10. REMEMBER (Idem, Atom Egoyan, 2015, CAN)


La Enfermedad de Alzheimer y los borrosos recuerdos de un oscuro pasado son el preámbulo de una aventura que tiene como objetivo cerrar unas cuentas pendientes de hace 70 años. Comienza así una búsqueda que solo tiene un final posible. El veterano actor canadiense, Christopher Plummer -más conocido por interpretar al arrebatador Capitán Von Trapp en el musical Sonrisas y Lágrimas (The Sound of Music, Robert Wise, 1965, USA)- carga sobre sus espaldas el peso del guion y avanza sin titubear hacia su destino. Sin duda, no es una película perfecta -ni mucho menos-, pero sí es una odisea apasionante en la que habrá muchos obstáculos, siendo él mismo el primero de ellos, debido a su deteriorado estado cognitivo -reflejando muy bien lo que son los momentos de lucidez en esta enfermedad-. El contundente e impactante desenlace no dejará a nadie indiferente; más bien todo lo contrario, descolocará a muchos de los que observan atónitos, desde sus sillones, el colofón de este thriller



11. GRANDMA (Idem, Paul Weitz, 2015, USA)


Ya, en su momento, le dediqué una entrada entera a este título, a la cual os refiero desde aquí.



12. BROOKLYN (Idem, John Crowley, 2015, IRL)


Con una narrativa lineal y con aires clásicos, esta romántica producción irlandesa te hará emocionarte, sonreír y lamentarte como si fueras la propia protagonista de la historia -interpretada por una fantástica Saoirse Ronan, que logró una nominación al Oscar a la mejor interpretación femenina protagonista del año-. Viajes de ida y vuelta, dos vidas posibles y un corazón que tendrá que escoger qué rumbo seguir, mientras en el trasfondo suena la memorable banda sonora del compositor Michael Brook, cuyo piano y violines resonarán en los tímpanos del espectador durante mucho tiempo. Una montaña rusa sentimental cuyo final, aunque a algunos les antoje bello, dejará un suave regusto agridulce en el paladar.


Espero que las disfrutéis tanto o más que yo.

sábado, 31 de diciembre de 2016

12 pequeñas joyas que he descubierto en 2016 (parte II)

Continuación de 12 pequeñas joyas que he descubierto en 2016 (parte I).


5. LA HABITACIÓN DEL HIJO (La stanza del figlio, Nanni Moretti, 2001, ITA,)

La muerte de un hijo es irreparable y queda fuera de los planes de futuro de cualquier padre. Ni siquiera es fácil de superar para un psicoanalista, acostumbrado a ayudar a encauzar los problemas de otras personas, pero no los suyos. Haciendo partícipe al espectador del dolor y del vacío existencial que padece el personaje, esta obra contemplativa es, en sí misma, una oda a la pérdida y a la culpabilidad ante la muerte de un ser querido; un crudo retrato de la muerte, tan duro de asimilar e interiorizar como ella misma.


6. ESPÍAS DESDE EL CIELO (Eye in the sky, Gavin Hood, 2015, USA)

Tiempo atrás quedaron aquellas guerras que se libraban, bayoneta o fusil en mano, en pleno campo de batalla. Los eventos bélicos modernos se gestionan desde los despachos. Así es como nos lo muestra este thriller sobre el nuevo arte de la guerra. Las cadenas de mando siguen intactas y un soldado solo cumple órdenes, sea con los pies en pleno territorio hostil o encontrándose en una base militar a miles de kilómetros -aunque la percepción de los hechos no sea la misma-. En la pantalla aparecerá un aluvión de dilemas éticos de los que Gavin Hood quiere hacer partícipe al espectador. Un teniente general, una coronel y un teniente experto en pilotar drones, tendrán que tomar una decisión ante una tensa situación que por minutos se irá haciendo insostenible. Una ambiente de suspense en crecimiento exponencial, en torno a una sola pregunta: ¿vale la pena sacrificar vidas inocentes con el fin de eliminar a un importante líder terrorista?


7. ALGO EN COMÚN (Garden State, Zach Braff, 2004, USA)

Personajes que caen simpáticos -especialmente una espontánea Natalie Portman-, diálogos inteligentes que desprenden sinceridad, situaciones a las que todo mortal se ha enfrentado en alguna ocasión... Todos estos son los ingredientes que hacen que sea fácil verse reflejado o sentirse identificado con esta cinta. Esta exitosa receta trajo como resultado un consenso positivo entre crítica y público a la hora de hablar de esta obra del cine independiente moderno. Son almas jóvenes cuyos cuerpos han crecido demasiado rápido. Nuestro protagonista, por un lado, experimenta el descubrimiento del primer amor verdadero, la ilusión por reencontrarse con amigos a los que no veían desde hace años; mientras que, por otro lado, debe superar la muerte de un ser querido y decidirse a plantar cara a su padre, quien durante tantos años le ha oprimido y acomplejado. Un curioso cóctel de sensaciones y emociones que bailan al son de una magistral banda sonora compuesta por multitud de títulos de canciones independientes.


8. 7 AÑOS (Idem, Roger Gual, 2016, ES)

Los cuatro socios fundadores de una empresa se reúnen en una habitación y deben tomar una decisión en un tiempo muy limitado, antes de que sea demasiado tarde, con un solo fin: que uno de los cuatro se sacrifique para salvar a los otros tres. Diálogos, miradas, secretos, dardos envenenados, rencores del pasado, una tensión que se masca en el ambiente... Los protagonistas iniciarán un camino que abrirá brechas y cicatrices que difícilmente podrán ser reparadas, mientras el tiempo araña los minutos que les quedan para el final de la cuenta atrás. La primera producción española de la exitosa plataforma Netflix está ambientada en la crisis económica actual y toca un tema tan actual como es el blanqueo de dinero y el desvío de fondos capitales a paraísos fiscales. Esta obra -que perfectamente podría ser representada en un teatro- te quita el aliento con sus sinceras, directas y contundentes interpretaciones -en donde habría que destacar a un Paco León sublime en un papel serio- que te encerrarán en un claustrofóbico -a la vez que placentero- escenario del que no desearás salir. Ninguno de los cuatro está equivocado en sus palabras; todos tienen razón; pero hay que tomar una decisión... y el tiempo se acaba.


Continua en 12 pequeñas joyas que he descubierto en 2016 (parte III).

viernes, 30 de diciembre de 2016

12 pequeñas joyas que he descubierto en 2016 (parte I)

A lo largo de un año uno ve muchas películas. Unas pocas en las que desearíamos no haber dilapidado nuestro tiempo. La mayoría nos pasan desapercibidas, sin dejar rastro, resultándonos totalmente anodinas. Unas pocas son auténticas obras maestras, por todos reconocidas como tal y, por tanto, omniconocidas. Sin embargo, de vez en cuando y en una proporción ínfima respecto a las visualizadas, nos encontramos ante pequeños tesoros ocultos que uno no se explica cómo no han salido a la luz o cómo no ha llegado al gran público.  Y es después de ver estas cuando uno se percata de que ha valido la pena esperar hasta encontrar una "pequeña joya",

En esta entrada he querido ofrecer una selección de 12 pequeñas joyas que yo he descubierto a lo largo de este año natural. Algunos títulos puede que os suenen; otros, en cambio, ni habréis oído hablar de ellos. Sin embargo, todas estas películas tienen algo en común: pasaron desapercibidas -o se les hizo pasar desapercibidas- en su momento, motivo por el cual no habréis oído hablar de ellas, pero, sin duda, merecen que les deis una oportunidad. No os decepcionarán.

La lista estará repartida en 3 entradas, con el fin de no alargar en demasía cada una de ellas. Allá voy:

1. MISTRESS AMERICA (Idem, Noah Baumbach, 2015, USA)

La última cinta -hasta la fecha- del cineasta estadounidense, Noah Baumbach, es el claro ejemplo de cómo construir una película otorgando la fuerza de sus cimientos a unos diálogos eléctricos y a unos personajes tan complejos como atractivos para el espectador. Una comedia de ritmo trepidante, sin desperdicio, en la que conectarás rápido con los personajes principales y llegarás al éxtasis con poco más de 90 minutos cargados de brillantes momentos de humor y excentricidad.


2. BEAUTIFUL GIRLS (Idem, Ted Demme, 1996, USA)

Cargada de melancolía y dudas, Beautiful girls nos lleva a la crisis personal de los 30 años, en la que un grupo de jóvenes se reencuentran 10 años después de acabar el instituto. Muchas cosas han cambiado, pero algunos sueños y miedos de su juventud permanecen intactos. Un dilema entre estos sueños y el realismo del mundo en el que viven. Una película con diálogos profundos y momentos de verdadera amistad que, a pesar de haberse estrenado hace ya 20 años, sigue estando tan candente como entonces. Como dato y aliciente adicional, ver a una dulce y jovencísima actriz -tan solo tenía 14 años- llamada Natalie Portman.



3. TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN (We need to talk about Kevin, Lynne Ramsay, 2011, UK)

Este thriller psicológico, cargado de podersosas e inquietantes imágenes -gracias a su brillante fotografía-, te introduce desde un principio en un ambiente perturbador que crece dentro de un hogar. Un punto a favor es que representa un fiel reflejo de en lo que consiste el trastorno disocial de la personalidad en la infancia -que, con los años, se convierte en el trastorno antisocial-. Todo el peso recae en la enfermiza relación existente entre madre (Tilda Swinton) e hijo (un impresionante Ezra Miller capaz de hacer que te corra un escalofrío por la espalda con solo una mirada). Trata un tema muy sórdido de una manera tan contundente como políticamente incorrecta.


4. 45 AÑOS (45 years, Andrew Haigh, 2015, UK)

Con la elegancia a la que nos tiene acostumbrado el cine británico, se nos presenta esta conmovedora y absorbente historia en la que en pequeñas dosis se nos irá descubriendo un oscuro secreto de un pasado que ha permanecido oculto durante casi medio siglo. Tensión creciente y una durante tanto tiempo inquebrantable confianza que está al borde del derrumbamiento. Consigue llegar a lo más profundo del ser humano mediante una narración sencilla y dos veteranos actores que ofrecen una íntima y verosímil interpretación ante la cámara. Es una autopsia del amor, la confianza y, en esencia, el ser humano.

lunes, 30 de mayo de 2016

UN INVIERNO EN LA PLAYA: Lo trascendental del amor

NOTAS:

FilmAffinity: 6.3/10
ImBD: 7.3/10
ECO: 8/10

FICHA TÉCNICA:

Título original: Stuck in love
Año: 2013
País: Estados Unidos
Director: Josh Boone
Guion: Josh Boone
Reparto: Greg Kinnear, Jennifer Connelly, Lilly Collins, Logan Lerman, Nat Wolff, Liana Liberato, Kristen Bell, Spencer Breslin, Rusty Joiner, Patrick Schwarzenegger, Stephen King

SINOPSIS:

Años después de su divorcio, el veterano novelista Bill Borgens (Greg Kinnear) sigue obsesionado con Erica (Jennifer Connelly), la mujer que lo abandonó por otro hombre. A pesar de los esfuerzos de su vecina Tricia (Kristen Bell), él solo tiene ojos para Erica. Cuando Bill descubre que su hija Samantha (Lilly Collins) acaba de publicar su primera novela, se da cuenta de que él hace tiempo que no escribe. Al mismo tiempo, su hijo Rusty (Nat Wolff) intenta también encontrar su camino como escritor de ficción. (Fuente: FILMAFFINITY)

CRÍTICA:

Como ya vimos en la entrada de Mil veces buenas noches (Tusen ganger god natt, Erik Poppe, 2013), el año 2013 fue un año de buena cosecha en el mundo del séptimo . De ahí que hoy queramos rescatar este título para una nueva entrada de El Cine Oculto (ECO).
Un invierno en la playa fue el debut de Josh Boone en el panorama cinematográfico. Una ópera prima escrita y dirigida por él, cargada de frescura y con un tema central por todos conocido y tratado hasta la saciedad en el cine: el amor. De ahí la dificultad y el mérito de la hazaña de Boone: hacer una buena película y aportar algo diferente a un género tan popular como el romántico.

Un año después, estrenaría Bajo la misma estrella (The fault in our stars, Josh Boone, 2014) –basada en la novela homónima del escritor estadounidense John Green-. Una película sobre un romance adolescente en la que, en mi opinión, peca de algo común en el género: la sensiblería. Sin embargo, en la primera, logra no caer en ella y tratar el tema del amor desde diversos puntos de vista, llegando incluso a tener algún diálogo trascendental –algunos pensaréis que exagero con esta afirmación, pero para mí lo consigue de verdad-.

Empecemos a sumar puntos positivos. Un gran plus son sus personajes. Muy bien caracterizados y todos –a su manera- con encanto.
En cuestión de cinco minutos, se nos introduce de una forma amena y simpática a cada uno de los tres personajes principales: El padre, hija e hijo de la familia Borgens. El padre, Bill (Greg Kinnear), exitoso novelista que lleva sin escribir desde el abandono de su mujer, Erica (Jennifer Connelly), hace ya dos años. A pesar del tiempo transcurrido, sigue confiando en el regreso de ésta. Sin desearlo, proyecta todas sus frustraciones en sus dos hijos, quienes a partir de la separación han tomado sendas muy dispares en lo que al amor respecta. Samantha (Lilly Collins), hija mayor del matrimonio Borgens, a quien le acaban de publicar su primera novela, nihilista en el aspecto amoroso, partidaria del Carpe Diem, que no busca ningún tipo de compromiso en los hombres a los que conoce. Y, finalmente, Rusty (Nat Wolff), el hijo pequeño, proyecto de escritor de ficción y un clásico romántico enamorado del concepto del amor en todas sus formas posibles. Busca la perfección absoluta, un amor completamente idílico.

Un creyente en causas imposibles, una nihilista del amor y un romántico clásico. El prólogo perfecto para una gran historia.
La escena de los títulos iniciales y la final son la misma secuencia de imágenes de los preparativos de la comida del Día de Acción de Gracias en la casa de los Borgens, acompañadas de la canción Home de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros. Mediante esto, se nos quiere dar a entender que todo lo que ocurre representa un año natural de las vidas de nuestros personajes.

Con el paso del tiempo iremos viendo y palpando la evolución de nuestros protagonistas en lo que concierne al amor: sus experiencias, sus ideas, sus pensamientos, sus perspectivas… Cada uno partiendo de su propio punto de origen. 
Dejando de lado los personajes, otro de los principales atractivos del filme es el constante contraste de los puntos de vista acerca del amor que tienen nuestros protagonistas. Un contraste que nos hace llegar en forma de diálogos inteligentemente redactados e interpretados. Conversaciones sinceras y verosímiles. 

Si nos detenemos a analizar el aspecto técnico de la película, podemos observar que la mayoría de escenas consisten en un plano fijo introductorio de la situación, seguido de unos primeros planos alternantes de los protagonistas de cada diálogo. La mayoría son a dos bandas. Dos puntos de vista opuestos debatiendo acerca de un mismo tema. Dos personas compartiendo opiniones y proyectando sus impresiones acerca del amor.
Esto dará lugar a una posible reflexión por parte del espectador, que le llevará a un posicionamiento a favor de uno de los personajes. Y he aquí el gran logro de Boone. Es aquí donde el filme consigue trascender. Persigue no dejar a nadie indiferente. Todos acabamos sintiéndonos identificados con alguno de los tres protagonistas –o, en su defecto, con un hipotético combinado de varios-.

Boone nos muestra que hay infinitas posturas y opiniones diferentes acerca del amor. Muchas y muy dispares. Puede incluso que no tengan nada que ver unas con las otras. Pero no hay ninguna que sea la verdad absoluta. Son solo eso, opiniones y formas de pensar. Decisiones que tomamos a lo largo de nuestra existencia. Si algo queda claro es que el amor es un factor constante en la vida de los seres humanos. De una u otra forma, siempre acaba manifestándose. 
Otro punto a favor –y seguimos sumando- es el acierto al escoger temas originales de artistas como Bon Iver, Edward Sharpe, The National o Elliot Smith –entre otros-. Suponen la banda sonora perfecta para la película, un recurso muy utilizado –y cada vez más, debido a la capacidad que tiene la música de evocar sensaciones- en el cine independiente.

Quizás el único punto negativo –por destacar uno- es que el final sea previsible –sí, no lo negaré- y que tenga un sutil regusto a happy-ending, pero no por ello os dejará de emocionar. Un final más propio del cine comercial, pero con su toque personal de originalidad. Ya lo veréis.
Al fin y al cabo, ¿qué es el amor? El amor lo es todo. Está presente en las vidas de cada uno de nosotros. Y nuestra existencia no podría llegar a entenderse sin su presencia. De alguna u otra manera todos acabamos sucumbidos a él. Nos cambia, nos da fuerza, nos hace llegar más allá de unos límites que ni nosotros mismos conocíamos. 

En resumidas cuentas, todos nuestros actos, decisiones y relaciones personales en la vida siguen el curso del amor. A pesar de que en ciertas ocasiones nos juegue una mala pasada, volvemos a caer rendidos ante él. Una y otra vez. Es nuestra naturaleza. Pero lo que hace al ser humano una especie única sobre la faz de la Tierra no es ser consciente de ello, sino el hecho de que, aun conociendo este detalle, no somos reacios a reconocer que estamos encantados con esa sensación de sabernos atrapados por el amor (Stuck in love).

lunes, 9 de mayo de 2016

GRANDMA: Una buena idea es suficiente si se exprime al máximo

NOTAS:
FilmAffinity: 6.5/10

ImBD: 7.1/10

ECO: 8/10

FICHA TÉCNICA:

Título original: Grandma
Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Paul Weitz
Guion: Paul Weitz
Reparto: Lily Tomlin, Julia Garner, Marcia Gay Harden, Judy Greer, Laverne Cox, Sam Elliott, Elizabeth Peña, Nat Wolff, Sarah Burns, John Cho, Mo Aboul-Zelof, Skya Chanadet



SINOPSIS:
Elle acaba de romper con su novia Olive, cuando su nieta Sage aparece inesperadamente pidiéndole dinero con urgencia. Aún dolida por su ruptura sentimental, la abuela Elle y Sage pasarán todo el día intentando conseguir dinero visitando a antiguos amigos, lo que hará que comiencen a desvelarse secretos del pasado. (Fuente: FILMAFFINITY)



CRÍTICA:
El año 2015 estuvo movido, cinematográficamente hablando. Buenas películas de las que, como pasa cada año, únicamente unas pocas se dan a conocer a las grandes masas, entre las que destacan Del revés (Inside out, Pete Docter & Ronnie del Carmen), La habitación (The room, Lenny Abrahamson), Los odiosos ocho (The hateful eight, Quentin Tarantino), El renacido (The Revenant, Alejandro González Iñárritu) –en mi opinión, brillante desde el punto de vista técnico y de dirección, pero falto de gancho y guion atractivo- y Spotlight (Idem, Thomas McCarthy), la flamante victoriosa en la noche de los Oscar. Pero en el plano que manejamos más en El Cine Oculto, ha habido muchas y buenas cintas este año, como Beasts of no nation (Idem, Cary Joji Fukunaga), Mustang (Idem, Deniz Gamze Ergüven), El abrazo de la serpiente (Idem, Ciro Guerra), La novia (Idem, Paula Ortiz), El club (Idem, Pablo Larraín), Straight Outta Compton (Idem, F. Gary Gray), Sicario (Idem, Denis Villenueve), 45 años (45 years, Andrew Haigh), Yo, él y Raquel (Me, Earl and the dying girl, Alfonso Gómez-Rejón) y la película de hoy: Grandma.



¿Paul Weitz? Me suena mucho ese nombre, pero ¿de qué? Sí, esa es la pregunta que me hice antes de indagar sobre el director de Grandma. Y, efectivamente, por algo me era tan familiar ese nombre. Fue quien, hace ya 17 años, dirigiera un filme símbolo -aún no sé si para bien o para mal- de nuestra generación: American Pie (Idem, Paul Weitz, 1999). Durante estos años, ha merodeado por la delgada línea que separa lo mediocre de lo simplemente correcto, con películas como Un niño grande (About a boy, 2002) y La vida de Flynn (Being Flynn, 2012), hasta llegar a su punto más alto alcanzado hasta el día de hoy. He de reconocer que después de ver Grandma he depositado grandes esperanzas en las futuras producciones de este director.


Pero procedamos a analizar la película. Nada más empezar, ya nos llama la atención el original modo de iniciar la narración de una historia e ir presentando a los personajes: en forma de capítulos, como si de un cuento infantil se tratara. Y es que, según cómo lo miremos, estamos ante uno.

El gran y principal logro de este filme es la fuerte caracterización de los personajes, algo muy propio del cine independiente, debido a que es su única baza para conquistar al público, haciendo que el espectador se sienta identificado con ellos. Mención especial merece también esa suave, liviana y siempre constante banda sonora que permanecerá durante toda la obra en un plano secundario, sin ningún tipo de ánimo de acaparar los focos que, en todo momento, se centrarán en iluminar a nuestras protagonistas y a esa historia perfectamente hilvanada que nos está siendo contada.
En lo que respecta al guion, Grandma es el perfecto ejemplo de cómo explotar al máximo una idea sencilla pero buena. Paul Weitz elige una situación límite y delicada –tratada en todo momento con una sutileza y respeto admirables y dignos de ser agradecidos- para que dos personajes se conozcan poco a poco y vayan exprimiéndose mutuamente a pequeñas dosis. Las dos protagonistas irán abriéndose gradualmente, dejando entrever cada vez más de sus vidas anteriores a la otra –a la vez que al público-; dosis milimétricamente calculadas por el guionista y director. En cada capítulo se da lo justo y necesario para conocer más en profundidad a nuestra abuela pero, al mismo tiempo, también para dejar con ganas de conocerla en mayor medida y descubrir qué otros secretos habrá ocultos detrás de ese opaco telón de color carne que cubre a nuestra protagonista.
El elenco de actores lo encabeza la veterana actriz estadounidense Lily Tomlin –representando a la abuela Elle-, quien probablemente sea desconocida para la mayoría de vosotros –lo reconozco, también lo era para mí- pero que, gracias a esta inolvidable actuación llena de sarcasmo y frescura, conseguirá hacerse inolvidable. Y es que estamos ante una de las mejores actuaciones femeninas del año, algo que es un hecho completamente irrefutable.

Elle es una persona autodestructiva, incapaz de reponerse de la pérdida de su pareja sentimental, con rasgos de sociópata recientemente agudizada y que no guarda ningún tipo de relación con su única hija debido a heridas sentimentales del pasado que nunca llegaron a cicatrizar del todo. A pesar de todo, está dispuesta a ayudar a su nieta a solucionar su problema –sea cual sea el precio a pagar- con tal de que ese acontecimiento no marque el resto de su vida.

En el papel de Sage, la nieta adolescente metida en un buen problema, encontramos a una jovencísima Julia Garner –tenía nada más que 21 años cuando rodó la película-, quien después de años obteniendo únicamente papeles secundarios, encontró en Grandma la gran oportunidad que toda actriz joven espera para dar el salto definitivo a la élite. Representa a una joven que es consciente del problema en el que se encuentra metida y, muy a su pesar, decide recurrir a su abuela, con tal de que su estricta y controladora madre no llegue a enterarse. Pretende que sea algo rápido y sea olvidado con la misma velocidad. Sin embargo, su abuela Elle le pedirá algunas explicaciones a cambio, un trato que Sage se verá obligada a aceptar. Todo se irá complicando a medida que avanza la trama, ya lo veréis…


Y llega un punto en que ya no ves la manera en que pueda pasar algo que te haga conocer más de ambas. Pero sí, Weitz tenía una bala guardada en la recámara. Cuando menos lo esperas, cuando parece que la trama va a decaer, aparece en escena la madre de la joven –interpretada a las mil maravillas por Marcia Gay Harden-; un personaje atosigante y perfeccionista, totalmente controlador. Se palpa una incómoda tensión en el ambiente en cada momento en que coinciden abuela y madre, haciendo denotar esas asperezas del pasado entre ambas que, por pura dejadez, nunca llegaron a ser limadas. Esto ayudará a que se acaben de delinear las diferencias existentes entre ambas, llevando un poco más al límite –si cabe- la situación, forzando más aún a la abuela a mostrarse totalmente transparente y desprotegida ante todos nosotros.


En resumen, es un mágico y dulce cuento –que en ocasiones toma forma de road movie-, en el que podemos presenciar la constante y larvada evolución de nuestras protagonistas. Al inicio, dos desconocidas a pesar del vínculo familiar. Conforme avancen los acontecimientos, irán conectando progresivamente por la necesidad de superar esa situación límite que les hará luchar codo con codo y en la que ambas acabarán necesitando la una de la otra. Esto les hará comprenderse y descubrirse mutuamente, e incluso llegar a perdonarse a sí mismas sus propios errores del pasado. Una redención que les demostrará que sí merecen una nueva oportunidad para sus propias vidas.